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Miguel Ortiz es autor en FIRST COMIC NEWS

lunes, 25 de julio de 2016

El Primer Año de Condorito

1 Miguel Ortiz, ex dibujante de Condorito.
2 Esta fotografía de Pepo, René Ríos, fue distribuida a los periodistas acompañada del primer número de Condorito el día del lanzamiento. (Fotografía de Enrique Aracena Pérez, Premio Nacional de Periodismo, mención Fotografía).
3 Este es el número 1 de Condorito, que fue entregado a la prensa en esa oportunidad.

El primer año de “Condorito”

By Miguel Ortiz

Años ha, mientras estaba trabajando en Zig Zag como ayudante de Themo Lobos, por el pasillo del segundo piso, donde funcionaba el Departamento de Historietas, pasaba Pepo temprano, todos los días a su oficina. Era muy madrugador.

En ese tiempo, la revista Okey vendía 100.000 ejemplares semanales, por lo que era una -junto con El Peneca, predilecta de los niños- de las que mayor tiraje tenía y, por supuesto, vendía. Sorpresivamente empezó a bajar su venta y cuando llegó a una cifra de “solo” 60.000 ejemplares, la empresa decidió cerrarla para siempre. (En estos momentos, no hay ninguna que alcance esa cifra). En Okey se publicaba una página de Condorito, y muchos decían que la gente compraba la revista por el personaje de Pepo.

Causa de la baja de tiraje fue que a Chile empezaran a llegar las revistas de historietas americanas impresas en español por editorial Novaro de México. Los títulos eran: El Llanero Solitario, Tarzán, La Pequeña Lulú, El Conejo de la Suerte, Tom y Jerry, El Pato Loco, Flash Gordon, El Príncipe Valiente, etc. La razón fue que todas las historietas eran completas, terminaban en las 34 páginas, impresas en papel periódico con tapas en papel couché, todo a cuatro colores. En cambio, las revistas chilenas eran en papel periódico a un color y cada historia de una página era con “continuará”. O sea, el lector quedaba cautivo…

En la empresa, simultáneamente, se hacía fuerte el rumor de que Pepo estaba haciendo una revista “bomba”. Los periodistas y los dibujantes interrogaban a los júniores y a los aseadores sobre ello, pero no había forma de saber el secreto. A Pepo le encantaba la revolución que se formó en torno a la nueva revista, pero siguió manteniendo en absoluta reserva su proyecto.

La verdad es que yo tenía tanto trabajo que no me alcanzaba el tiempo para meterme a conversar sobre el tema al paso que algunos especulaban con que la revista sería de un formato especial y súper moderna.

Un día pasó Pepo por el lugar que ocupábamos Themo y yo (Las oficinas eran de espacios abiertos, menos la de Pepo y Disney Producción, que dirigía Elisa Serrano). Pepo me dijo “sigue trabajando tranquilo”. En ese minuto yo estaba dibujando una página de chistes. La presencia del maestro me hizo transpirar de puros nervios, pero se despidió muy amable diciéndome “nos veremos pronto”. En la tarde, antes de irme a casa apareció nuestro colega Nato (Renato Andrade), quien me dijo: “Vengo de parte de Pepo: te invita a comer al “Nuria” unas hamburguesas y un vino Gato Negro”. Luego agregó: “Van a ir Ric, Pepo, yo y tú.

¡Te conviene!”, (El restaurante “Nuria” era uno de los más elegantes de la época).

Cuando estábamos tomando un bajativo, Pepo me dijo: “Miguel, quiero que seas parte de mi equipo. Pienso sacar la revista Condorito en un formato de 21 de ancho x 28 cm alto y con cien páginas. No estoy muy seguro si la publicaré mensual o bimensual, eso dependerá de la respuesta del público, ¿Qué te parece? Yo le dije que me parecía súper bien, pero estaba trabajando con Themo Lobos. Pero replicó: “Lo sé, Miguel, pero la idea es que me hagas unas cuantas páginas al mes a lápiz. Ric le pasará tinta”. Le contesté: “en ese caso acepto”. Entonces Pepo me citó a una reunión creativa de la revista para el día lunes de la semana siguiente a las 9 de la mañana. Le dije que iría pero como a las 10.30 me iría, pues tenía que despachar al taller “Rocket”, una revista de ciencia ficción de Themo.

Se despidió con un “bueno, haré dos reuniones: una a las nueve con los que ya están trabajando y otra, donde estarás tú y la otra parte del equipo”.

Ese lunes estuve puntual a la hora convenida. La secretaria me llevó al salón del Directorio. Pepo me saludó y me presentó a Mario Igor, Adolfo Urtiaga (dibujante argentino, quien estaba dibujando para Dante Quinterno a Patoruzito, otro personaje célebre de esos años), Ricardo Gonzalez (Ric, dibujante entintador), Nato (dibujante enlace y diagramador), y, por supuesto, al guionista Osvaldo Muñoz Romero (Osmur), Pepo nos explicó que quería mantener el vocabulario popular, pero que no aceptaba que en la publicación se cayera en la grosería y los chistes de doble sentido.

Todos tomamos nota de la reunión y se acordó realizar quincenalmente reuniones similares para aportar chistes e ideas graciosas, a las cuales el guionista le daba forma y eran repartidas a los dibujantes por Nato.

Pepo se enojaba cuando un dibujante hacía alguna gracia sobre el personaje y lo reprendía en plena reunión, pero era un tipo de gran corazón y antes de empezar la reunión siguiente pedía perdón al dibujante y al resto de los asistentes, Pepo era un tipo que quería a todos sus colaboradores. La secretaria, por encargo de él, anotaba el día de los cumpleaños para enviarles un regalo y lo mismo hacía para el día de la Navidad.

La verdad es que todos nos sentíamos como un equipo familiar. Pasaron los meses y Pepo estaba feliz. Ya teníamos la cantidad de ejemplares de adelanto que el taller nos exigía para partir con el numero “0” y ver los defectos que la publicación pudiera tener, Hasta que nos dijo un día que tendría una reunión con el gerente general Ignacio Cousiño y Guillermo Canals para partir con su “gran aventura” como él llamó a la aparición de “Condorito”.

Antes que apareciera “Condorito”, Pepo con otro equipo de dibujantes sacó en forma paralela “Can Can”, una revista de humor para adultos pero sin ningún tipo de groserías, no era censurable. Pepo nos dijo que si nosotros queríamos colaborar en ella, lo podíamos hacer. Yo estuve un tiempo aportando con chistes. Esta revista la hizo con fines de distracción para sorprender a los medios de comunicación antes del lanzamiento de “Condorito”, Pepo tenía un gran sentido publicitario (Experiencia que adquirió cuando por intermedio del departamento de Publicidad de Zig Zag trabajó para la Polla Chilena de Beneficencia).

Llegó el día D. Todos estábamos expectantes. Se hizo un cóctel para la prensa y a los periodistas les regalaron el Condorito N° 1 con una fotografía de Pepo mostrando el personaje. Al día siguiente salió en todas las revistas de Zig Zag un gran reportaje sobre la nueva publicación de Pepo. En resumen, se vendieron 200.000 ejemplares. Ignacio Cousiño felicitó a Pepo y a los dibujantes, además nos dijo que la editorial iba a exportar cómics chilenos a todos los países de habla hispana, cosa que se hizo en esa época.

Pepo no era un dibujante envidioso: siempre ayudó a los colegas nuevos a corregir algunos errores para poder incorporarlos a la empresa. En Chile, hubo un momento en que varios tuvimos que salir del país por alguna razón. Pepo no fue ajeno a eso. Cuando regresé a Chile, él también lo hizo. Venía retornando definitivamente de Miami, E.E.U.U., y casualmente llegamos juntos, si bien yo lo hacía desde Caracas, Venezuela. En el aeropuerto me dijo que siempre se preguntaba: ¿Habrá dibujantes de cómics en Chile? Yo le dije que a mí me pasaba lo mismo. Quedamos en juntarnos, y lo hicimos en varias oportunidades para ver qué podíamos hacer por las nuevas generaciones.

Han pasado muchos años y me siento feliz de haber conocido a Pepo, de haber gozado de su amistad y de haber participado en sus proyectos. Sobre todo en “Condorito”, personaje conocido en toda América y de eterna vigencia.

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